MEDITACION EN VUELO
CARLOS LATORRE
Caminando por los paisajes de la mente, de los sueños sintió la necesidad de detenerse...
En silencio.
En ese silencio cargado de murmullos lejanos y cercanos donde el cuerpo se pierde de sí mismo sin saber qué es adentro , qué es afuera; tu ser se convierte en todo ,en unidad cósmica de masas cósmicas y unidad de vida.
Este ser parado en el centro del escenario contraído sobre sí mismo como realizando un saludo ritual a la sagrada concurrencia: sociedad, comunidad, grupo de humanos, grupo de cuerpos que sienten en el fondo una luz que se extingue, pero olvidan que esa luz es eterna.
Ese ser se transforma en un chaman por esas cosas del destino e inicia una danza del equilibrio de símbolos antiguos que danzan sobre el desierto de las cosas.
El bailarín actor se sumerge en el guerrero interno que todos llevamos pero que no utilizamos, ya sea por ignorancia o por falta de fe y se va para la guerra, guerra contra sus demonios y ángeles... pierde mil batallas pero gana una, gana la única batalla: la batalla contra sí mismo.
El primer guerrero se convierte en meditador, ser solitario que anda por ahí y por allá meditando en nada porque todo es vacuidad y esforzándose por ser amable con el mundo, este mundo que ya no sabe para donde ir, ni donde estar, este mundo que se le olvidó ser y quién sabe por qué causas oscuras o desconocidas, se perdió.
Estando levitando en silencio sobre las aguas antiguas y los vientos de hoy, observé una visión sobre el horizonte: vi una danza, la primera danza en la cual multitudes de multitudes de cuerpos humanos giraban sobre si mismos y alrededor de una gran fuente de luz suspendida en lo alto del horizonte.
Todos giraban a gran velocidad hasta convertirse en polvo cósmico, polvo mágico de estrellas para fundirse en la única luz y brillar mas potentemente hasta desaparecer la multitud y quedar todo en vacio, silencio suspendido y vibrante.
Después desperté caminando por la séptima avenida de Bogotá-Colombia, iba para alguna parte pero no recordaba... al doblar una esquina hacia la montaña recordé que me dirigía hacia un teatro donde ensayaba una obra recientemente creada llamada- meditación en vuelo.
De repente aparecí a las orillas de un gran lago, al lado de un espeso bosque y mi cuerpo era viento, era fuego, era agua, no era nada, lo único que se es que podía volar, mi mente no pensaba solo estaba ahí presente, volando sobre el paisaje de paisajes. Toda mi mismidad era éter, era susurros de luz, proyectados hacia todas las direcciones del espacio tiempo, pero no había espacio tiempo, solo la inmensidad levitando frente y dentro de mi.

